Durante tres años había imaginado que volver a verla sería una experiencia llena de alivio. No había imaginado que ella tendría que enfrentarse a la misma amenaza de la que él había intentado protegerla.

Pero ya no estaba solo.

Sabía extendió la mano y él se la tomó.

En aquel pequeño gesto había más fuerza que en todas las amenazas de Gabriel.

De pronto, Daniel sacó su teléfono.

—Antes de venir, envié copias de los documentos a una abogada independiente. Si no recibe noticias mías antes de esta noche, entregará todo a las autoridades.

Gabriel se quedó inmóvil.

—¿Qué has hecho?

—Lo que debí hacer hace tres años.

Por primera vez, el hombre no encontró una respuesta inmediata.

Sabía comprendió entonces que el viaje a la cima no había sido solo una búsqueda de Mateo. Era también el momento en que todos debían decidir si continuarían protegiendo las mentiras o si finalmente tendrían el valor de enfrentarse a ellas.

La tormenta se acercaba.

El sendero se había vuelto peligroso y todos necesitaban regresar antes de que la niebla cubriera por completo la montaña.

Mateo guardó el dispositivo en el bolsillo interior de su chaqueta.

—Nos vamos —dijo—. Y esta vez no voy a desaparecer.

Sabía asintió.

Pero cuando empezaron a caminar hacia el sendero, Gabriel pronunció unas últimas palabras.

—Antes de que os marchéis, hay algo que debéis saber sobre vuestro padre.

Mateo se detuvo.

Daniel palideció.

Sabía sintió que el alivio que acababa de experimentar se desvanecía.

—¿Qué pasa con nuestro padre? —preguntó.

Gabriel los miró uno por uno.

—Él sabía que Mateo estaba vivo.

El mundo pareció quedarse en silencio.

—Eso es mentira —susurró Sabía.

—Ojalá lo fuera.

Mateo apretó los puños.

—¿Desde cuándo?

Gabriel miró hacia el valle.

—Desde el día siguiente a tu desaparición.

Sabía sintió que las lágrimas comenzaban a caerle por las mejillas.

Durante tres años había creído que su familia estaba unida por el dolor de una pérdida. Ahora descubría que algunos habían conocido la verdad mientras ella encendía velas, visitaba lugares de recuerdo y esperaba una llamada que nunca llegaba.

Miró a Mateo.

Él parecía tan destrozado como ella.

—Tenemos que volver a casa —dijo Sabía.

Pero mientras descendían por el estrecho sendero, una pregunta comenzó a crecer en su mente.

Si su padre había sabido que Mateo seguía vivo, ¿por qué había permitido que su hija sufriera durante tres años?

Y, sobre todo…

¿Qué secreto podía ser tan terrible que incluso un padre estuviera dispuesto a dejar que su propia familia viviera en la mentira?

Sabía aún no lo sabía.

Pero la respuesta la esperaba en casa.

Y cuando finalmente la descubriera, comprendería que la montaña solo había revelado el primer capítulo de una verdad mucho más oscura.

El viaje de regreso fue el más largo de la vida de Sabía.

La lluvia había comenzado a caer cuando abandonaron la montaña. El camino estaba resbaladizo, las nubes ocultaban las cumbres y ninguno de los cuatro parecía dispuesto a romper el silencio.

Mateo caminaba a su lado.

Después de tres años, su hermano estaba allí, a pocos centímetros de ella. Podía escuchar su respiración, ver cómo se apartaba el cabello mojado de la frente y comprobar que todavía tenía aquella pequeña cicatriz junto a la ceja izquierda, recuerdo de una travesura de la infancia.

Sin embargo, algo había cambiado.

Mateo ya no era el muchacho que había desaparecido.

Y Sabía tampoco era la niña que se había quedado esperándolo.

—¿De verdad papá sabía que estabas vivo? —preguntó finalmente.

Mateo mantuvo la mirada fija en el sendero.

—No lo sé con certeza. Gabriel dice que lo sabía desde el día siguiente a mi desaparición, pero necesito pruebas.

—¿Y si es verdad?

Él tardó unos segundos en responder.

—Entonces tendré que aceptar que mi propia familia me dejó solo cuando más necesitaba ayuda.

Sabía sintió un dolor profundo en el pecho.

Siempre había pensado que su padre era un hombre estricto, a veces distante, pero incapaz de permitir que sus hijos sufrieran voluntariamente. Cuando Mateo desapareció, él había organizado búsquedas, contratado investigadores y recorrido hospitales.

Sabía recordaba aquellas noches en las que lo encontraba sentado en el despacho, con la cabeza entre las manos.

¿Había sido todo una actuación?

¿O existía otra parte de la historia que todavía desconocían?

Daniel caminaba unos pasos por delante. Desde que Gabriel había revelado la posible implicación de su padre, apenas había pronunciado una palabra.

Cuando llegaron al aparcamiento, se volvió hacia ellos.

—Antes de ir a vuestra casa, tengo que mostraros algo.

Mateo lo miró con desconfianza.

—¿Otra sorpresa?

—No. Una prueba.

Daniel abrió su mochila y sacó una carpeta impermeable. Dentro había varias copias de documentos, fotografías y una hoja con fechas escritas a mano.

Sabía reconoció inmediatamente la letra de su padre.

—¿De dónde has sacado esto?