A las 18:30, Clara regresó a casa.
Encontró abierto el cajón donde guardaba un pañuelo de seda heredado de su abuela.
El pañuelo había desaparecido.
Entonces oyó una llave en la puerta.
Álvaro entró riendo con Lucía.
Y alrededor del cuello de ella estaba el pañuelo.
Álvaro volvió a sacar los documentos.
—Firma esta noche o mañana pediré al consejo que te aparte por inestabilidad.
Clara tomó una pluma.
Lucía sonrió.
Pero Clara no firmó.
Sobre la portada escribió únicamente:
NOS VEMOS MAÑANA EN EL CONSEJO.
Y por primera vez, Álvaro dejó de sonreír.
PARTE 3
A las 8:45 de la mañana siguiente, Álvaro Rivas llegó a la sede central de Valdés Logística convencido de que todavía podía ganar.
El edificio se levantaba junto a la A-2, a las afueras de Madrid, un bloque de cristal y acero que Esteban Valdés había inaugurado 14 años antes cuando la compañía dejó de ser una empresa familiar de transporte para convertirse en un grupo con centros logísticos repartidos por media península.
Álvaro entró con un traje azul oscuro, una carpeta de piel bajo el brazo y Lucía caminando 2 pasos detrás.
Ella ya no llevaba el pañuelo.
Clara lo había encontrado doblado sobre la mesa del comedor aquella mañana.
Mercedes también acudió.
Álvaro la había invitado porque imaginaba que la presencia de su madre reforzaría la versión que había preparado: Clara estaba emocionalmente alterada, su comportamiento después del accidente era imprevisible y la familia Valdés estaba intentando sabotear una empresa que él había levantado con esfuerzo.
A las 8:52, un empleado de recepción pidió a Lucía que esperara.
—¿Por qué? —preguntó ella.
—Su nombre figura como compareciente externo.
Lucía miró a Álvaro.
Él frunció el ceño.
—Debe de ser un error.
No lo era.
Dentro de la sala del consejo esperaban 9 personas.
Esteban Valdés ocupaba la cabecera.
Tenía 68 años, el pelo completamente blanco y la misma expresión tranquila con la que durante décadas había negociado huelgas de transportistas, crisis de combustible y contratos millonarios.
A su derecha estaba Clara.
Sin maquillaje excesivo. Sin joyas. Sin esconder la pequeña herida junto a la línea del cabello.
Al otro lado se sentaban Mateo, Inés Ferrer, el director financiero, la responsable de cumplimiento, 2 consejeros independientes y el secretario del consejo.
Álvaro se detuvo.
—Pensé que esto era una presentación sobre la expansión de Rivas Estrategia.
—Lo es —respondió Esteban—. Pero quizá no de la forma que esperabas.
Álvaro se sentó lentamente.
Intentó sonreír.
—Esteban, antes de comenzar necesito explicar una situación familiar delicada. Clara sufrió un accidente y desde entonces…
—No.
La voz de Clara no fue fuerte.
Precisamente por eso toda la sala quedó en silencio.
—Hoy no vas a utilizar mi accidente para explicar tus decisiones.
Álvaro la miró con irritación.
—Esto demuestra exactamente lo que llevo diciendo. Estás reaccionando desde la emoción.
Mateo conectó su ordenador a la pantalla.
Apareció una factura.
3.870 €.
Estancia de 3 noches en Marbella.
Suite con terraza.
Servicio de habitaciones para 2.
Tratamiento de spa para 2 personas.
Una compra en una joyería del hotel.
Debajo apareció la factura presentada posteriormente a Valdés Logística.
“Análisis presencial de rutas de distribución mediterránea”.
Álvaro palideció.
—Eso tiene una explicación.
Mateo cambió de diapositiva.
—Seguro.
Apareció otra.
2.950 € por un fin de semana en Toledo.
Luego otra.
640 € en una cena para 2.
Después 14 facturas emitidas por una sociedad llamada Horizonte Operaciones Estratégicas.
Mateo señaló la pantalla.
—Esta empresa fue constituida hace 19 meses. No tiene empleados, oficina ni actividad real conocida. Su administrador es un antiguo compañero de escuela de negocios de Álvaro.
Álvaro se removió en la silla.
—Subcontratábamos especialistas.
—¿Especialistas en qué? —preguntó Esteban.
Nadie respondió.
Mateo mostró los extractos.
Horizonte facturaba servicios a Rivas Estrategia.
Rivas Estrategia añadía un margen.
Después presentaba los importes a Valdés Logística.
El dinero regresaba finalmente a gastos relacionados con Álvaro y Lucía.
—No podéis demostrar que Lucía estuviera involucrada —dijo Álvaro.
Inés abrió otra carpeta.
—Precisamente por eso está esperando fuera.
Álvaro giró la cabeza hacia la puerta.
Por primera vez apareció miedo en sus ojos.
La responsable de cumplimiento continuó.
Lucía había sido registrada como consultora externa de comunicación logística apenas 6 días después de incorporarse oficialmente a Rivas Estrategia.
Durante 7 meses había acumulado 186.000 € en facturación imputada a Valdés Logística.
—Eso era parte de su remuneración —dijo Álvaro.
—Entonces tendrás contratos, entregables e informes —respondió la responsable.
Álvaro guardó silencio.
—No existen —añadió ella.
Clara no apartó los ojos de él.
Recordó al hombre que había conocido 6 años antes en una cena benéfica en Madrid. Entonces le había parecido valiente. Venía de una familia sin grandes recursos, hablaba de crear algo propio y parecía no temer a nadie.
Con el tiempo comprendió que Álvaro no amaba construir.
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